Tanto la prensa internacional como los medios locales califican el triunfo de Michelle Bachelet, una socialista de 54 años, como un hito y aseguran que representa una alternativa social en uno de los países más conservadores de la región.
Los primeros análisis apuntan a que uno de sus principales desafíos será enfrentar la profunda desigualdad económica.
A nivel internacional, se espera que intente recuperar una dinámica de diálogo con los vecinos Perú y Bolivia, con los que Chile mantiene disputas históricas.
Sobre estos temas, BBC Mundo conversó con Francisco Panizza, profesor de política de la London School of Economics (LSE) en Londres.
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¿Qué evaluación hace del triunfo de la señora Bachelet?
En lo interno, significa un respaldo muy grande al gobierno de la Concertación y al presidente Lagos y la posibilidad de avanzar en el programa de reformas económicas y sociales.
En lo externo, es parte de una situación más general en América Latina, del llamado viraje hacia la izquierda.
Pero creo que esto tenemos que relativizarlo. Porque en América Latina existen tantas izquierdas como gobiernos de izquierda hay.
¿Hasta qué punto ella como persona representa nuevos retos para Chile como sociedad, al haberse presentado como mujer, divorciada, agnóstica, en un país considerado uno de los más conservadores de América Latina?
Sin duda. El triunfo de Bachelet representa los cambios de la sociedad chilena. Una sociedad que se ha vuelto mucho más abierta en estos últimos años.
Una sociedad que se siente mucho más segura de sí misma, que se puede dar la posibilidad de experimentar un cierto cambio, como el representado por Bachelet.
Dos o tres de los principales retos que tiene ahora la señora Bachelet.
Primero, la cuestión de la desigualdad.
El éxito económico de Chile no ha beneficiado a todos por igual.
Entonces, la pregunta es cómo va a hacer para que se beneficien los sectores más pobres de la población.
Segundo, asegurar la continuidad de ese crecimiento económico.
¿Por qué? Porque Chile tiene que dar un salto en su desarrollo económico.
Chile ha tenido éxito pero un éxito basado en la exportación de materias primas pero, para mejorar, tiene que dar un salto cualitativo y tener un perfil de exportaciones con más valor agregado, con más tecnología, con más conocimiento.
Y tercero, reformas políticas. Todavía quedan asignaturas pendientes de la época de la Constitución de Pinochet.
Ahí va a tener que hacer acuerdos con la oposición para tratar de eliminar los últimos vestigios del autoritarismo pinochetista.
¿Qué pasa ahora con esos rezagos de la era pinochetista?
Muchos de esos rezagos se han ido superando en los últimos cinco años.
Pinochet ya es historia. Él no es más una referencia para la derecha, como pudo haber sido hace 10 años atrás.
Chile está firmemente en el post-pinochetismo.
Lo que queda está en la Constitución y principalmente en el sistema electoral.
Son resabios de un sistema que fue hecho para perjudicar a la izquierda en su momento y eso es lo que va a tener que enfrentar ella y tratar de cambiar.
A nivel regional, ¿qué significa el triunfo de la señora Bachelet?
El triunfo de ella y de la Concertación es un referente para mucha gente en América Latina, como -en una forma muy diferente- (el presidente de Venezuela, Hugo) Chávez también es un referente para muchos.
¿Qué referente representa ella? El referente de que una política económica ortodoxa, basada en el libre comercio, basada en respetar las reglas de juego, puede dar resultados para un gobierno de centro-izquierda.
Eso creo que va a ser el principal referente, contrapuesto a una posición más radical de Chávez y tal vez ahora de Evo Morales, con economías más intervencionistas, más cerradas, más nacionalistas.
Y esos son los dos grandes modelos que están en juego ahora en América Latina.
¿Usted cree que Bachelet le dará un nuevo rumbo a la situación pendiente con Bolivia?
Bueno, tenemos dos nuevos presidentes en los dos países y eso abriría la posibilidad de algún tipo de discusiones y conversaciones.
Pero tampoco soy demasiado optimista en ese sentido.
Los problemas de Chile y de Bolivia vienen de mucho tiempo atrás y no han sido solucionados y no son solucionables fácilmente.
Por otro lado, Evo Morales llega al poder con un discurso muy nacionalista, con el cual le va a ser un poco difícil hacer concesiones o alcanzar algún tipo de acuerdo que puede dejarlo debilitado frente a los sectores más ultra nacionalistas de la política boliviana.
Pero a veces los nacionalistas son los que pueden hacer esos cambios.
El otro vecino, Perú, país con el que tiene algunos problemas, en el contexto adicional de las próximas elecciones presidenciales en Perú.¿Qué panorama ve a las relaciones bilaterales aquí?
Efectivamente, hay problemas de todo tipo en las relaciones con Perú y sobre todo últimamente.
Eso va a depender mucho de quién gane las elecciones en ese país. Es decir si un candidato más moderado o uno más radical.
Creo que no va a pasar nada hasta que celebren sus elecciones y las perspectivas por ahora están muy abiertas. No se sabe en qué dirección pueden ir.
¿Y las relaciones con Argentina?
Bachelet tiene muy buenas relaciones con personas del entorno de Kirchner, especialmente con su esposa.
La señora Kirchner es una política muy importante y se ha especulado incluso que pueda llegar a ser candidata presidencial en Argentina.
Obviamente hay diferencias políticas importantes entre el kirchenismo, por ponerle una etiqueta, y la Concertación, pero me parece que las relaciones van a ser buenas y que existen posibilidades de intercambio interesantes entre los dos países.
Finalmente, Estados Unidos.
Creo que Estados Unidos va a estar muy satisfecho con el triunfo de Bachelet, a pesar de que Chile ha sabido mantener la soberanía con relación a la guerra de Irak.
¿Por qué va a estar muy complacido?
Porque efectivamente Chile representa para Estados Unidos la posibilidad de decir "vean, hay un gobierno de izquierda moderado en América Latina; este gobierno da buenos resultados; este gobierno tiene buenas relaciones con nosotros".
Hay gobiernos de izquierda, como el de Chile, como el de Uruguay y Brasil, que a Estados Unidos no le dan ningún problema.
Y hay gobiernos como el de Chávez, Morales, Fidel, que son un gran dolor de cabeza para Washington.
Y Estados Unidos espera que el triunfo de Bachelet incline la balanza política de América Latina hacia gobiernos que le son propicios.












