por
tribilin2005
@ 2006-05-07 - 07:25:30 pm
El rascacielos más emblemático de Nueva York se construyó en plena crisis económica y en un año y 45 días
El sueño americano, esa idea de que Estados Unidos es el país de las oportunidades, en el que con tesón se pueden alcanzar metas que en principio parecen irrealizables, tiene uno de sus ejemplos más significativos en el Empire State Building, el rascacielos más emblemático de Nueva York que esta semana ha cumplido 75 años de vida. Su construcción, en el tiempo récord de un año y 45 días de trabajo, así lo pone de manifiesto.
El 30 de agosto de 1929, en plena Gran Depresión económica por el famoso crack bursátil, apareció en la prensa de Nueva York el proyecto de este gigante. El vicepresidente de la General Motors, John Jacob Raskob quería ganar la partida a su gran rival en el campo de la automoción, Chrysler, cuyo rascacielos es otro de los emblemas de la Gran Manzana y aún hoy supera en aprecio en el corazón de los neoyorquinos.
El Empire State Building fue un ejemplo de optimismo y lucha contra la adversidad en plena crisis económica. Sus trabajadores compitieron por ver quién trabajaba más y más rápido para levantar su estructura. Así se consiguió, con los medios de la época, levantar hasta cinco pisos por semana de este gigante de 60.000 toneladas de acero y 10 millones de ladrillos. Para ganar tiempo en las pausas de la comida, a diferentes alturas se instalaron distintas cantinas para que los obreros no tuvieran que abandonar el edificio para saciar su hambre. Una docena de éstos perdieron la vida durante esta proeza constructiva.
El 1 de mayo de 1931 se iluminó el edificio por primera vez, como signo definitivo del final de su construcción.
A pesar de la enorme campaña publicitaria de sus dueños, los comienzos del Empire State no fueron especialmente buenos. Cuando abrió sus puertas, sólo se había alquilado un 46% de sus oficinas. Con el tiempo la ocupación mejoró, pero nunca ha llegado a llenarse. Hoy día cuenta con una buena parte de sus inabarcables dimensiones vacías. Esta situación ha provocado que con el tiempo haya sido conocido como el Empty (vacío en inglés) State. Una de las principales explicaciones a esta insólita situación, cuando en Nueva York el espacio es oro, se debe a su ubicación. El Empire State se levanta en la esquina de la mítica Quinta Avenida con la calle 34. Demasiado al sur de la zona financiera y comercial del Midtown de Manhattan y demasiado al norte de Wall Street.
De nuevo, el rey. Cuando se construyó, sus 443,2 metros de altura lo convirtieron en el edificio más alto del mundo. Con el tiempo y la fiebre constructiva vertical perdió esta hegemonía, incluso en su propia ciudad, a manos de las torres gemelas del World Trade Center. El trágico atentado del 11 de septiembre de 2001, que acabó con estas míticas edificaciones en pleno distrito financiero, le devolvieron el reinado de las alturas de Manhattan. A buen seguro, no por muchos años. Lo que seguro que no perderá será su gancho turístico y afectivo, que lleva a que desde su inauguración, hace ya 75 años, unos 110 millones de turistas lo hayan visitado y contemplado Manhattan desde su incomparable mirador.
En otra dimensión
Una comparativa.
Las dimensiones del Empire State Building son espectaculares, sobre todo si se tiene en cuenta que fue construido en 1929. Supera en 343,2 metros de altura al edificio en el que se erige actualmente el AC Hotel, el más alto de Las Palmas de Gran Canaria. En 133, 2 metros supera a la Torre Eiffel, uno de los grandes emblemas de París y una de las cumbres constructivas de Europa.
Un viaje al cielo de Manhattan
Desde su mirador, en el piso 86, se contempla toda la ciudad

La visita a un edificio emblemático siempre resulta una experiencia apasionante. Sobre todo si se trata del Empire State Building de Nueva York, al que la industria cinematográfica de Hollywood ha exprimido hasta la saciedad en sus producciones.
En una ciudad como Nueva York, en la que, en contra de lo que pueda parecer, orientarse y moverse a pie es de lo más sencillo, son múltiples las maneras de llegar hasta este emblemático edificio. Una de las más recomendables podría ser comenzar un largo paseo por la emblemática Quinta Avenida, vértice del lujo en Manhattan. En una ciudad en la que mirar hacia el cielo para contemplar los rascacielos es tan natural como respirar, el Empire State Building a lo lejos no impresiona. Cuando se llega a la esquina de la Quinta Avenida con la calle 34, y se le observa desde la acera, esta concepción varía. Su magnetismo y su altura acongojan.
Tras la desaparición de las Torres Gemelas, las tradicionales colas para acceder al mismo se han incrementado de manera considerable. No se retraiga ante éstas, la espera merecerá la pena.
Su interior, al menos el que visita el turista, no es especialmente espectacular. Quizás la acumulación de personas en las colas y las ganas por llegar a su mirador tienen bastante culpa de esta percepción inicial. Tras pasar un exhaustivo control de metales como si de un aeropuerto se tratara, comienza el despegue hacia su cima. La ascensión se realiza en dos tramos. Primero un ascensor -cuenta con 73- lleva a una planta en la que las chucherías para turistas y las fotos junto a una maqueta del edificio imperan. Allí se coge otro que lleva hasta el mirador del piso 86.
Manhattan se levanta a los pies del turista. Se contempla la Gran Manzana de norte a sur, de este a oeste. Sus dimensiones parecen mínimas, al alcance de la mano, con el East River y el río Hudson como fronteras naturales en los laterales. La vista alcanza incluso hasta partes de Brooklyn, Queens y el sur del temido y popular Bronx.
Salvo que se disponga de mucho tiempo, el visitante tendrá que realizar una elección muy complicada. Visitarlo a plena luz del día, al anochecer o de noche.
Extasiado por la visión, hay dos opciones cercanas muy atractivas. Una visita a las múltiples tiendas, de precios populares de la calle 34, y continuar la misma hasta el mítico Madison Squar Garden y disfrutar de un partido de baloncesto, hockey sobre hielo o un concierto.