Hace 9 mil años empezó en Oriente Medio la relación entre el hombre y el gato, muy fluctuante, ya que en el Antiguo Egipto se le adoró como a un dios y en la Edad Media se le persiguió como a un aliado del diablo. El gato sólo habitaba una pequeña región de Africa del Norte, hoy en día los gatos han colonizado casi todo el mundo, excepto las más extremas regiones árticas y antárticas.
El gato común, desciende del gato salvaje norafricano y conserva instintos y conductas similares a los de sus antepasados. Hace miles de años el gato salvaje eligió por voluntad propia la domesticación, renunciando así a la vida de cazador solitario. Aunque el gato salvaje norafricano evolucionó hasta convertirse en doméstico, conservó la habilidad para ser autosuficiente.
El gato de los bosques de Noruega, que desciende de aquél, volvió a la vida salvaje donde sobrevive como un magnífico cazador. Debido a que sus ancestros han tenido contacto con el hombre, su carácter es más tranquilo que el de los gatos salvajes indígenas del norte de Africa, que nunca fueron domesticados.
Tímido y solitario, el gato salvaje europeo, carece del potencial genético para alterar su conducta y adaptarse a vivir con el hombre. Imposible de domesticar, su intervención ha sido escasa en la evolución del gato hogareño.
Debido a su selección de vivir en la cercanía de los humanos, el gato salvaje norafricano abandonó gradualmente la caza para obtener su alimento hurgando en la basura. Las aldeas lo proveían de comida y complementaba su dieta con los ratones y ratas que infestaban los graneros. Inevitablemente, algunos de estos gatos, quizá los más amigables o los que pedían comida, fueron adoptados como animales domésticos. Entonces comenzó la domesticación y la cruza selectiva. Al gozar de los considerables beneficios de la compañía humana, el gato salvaje se domesticó por voluntad propia.
Los descendientes del gato salvaje norafricano comenzaron a convertirse en domésticos en su tierra nativa alrededor del año 1.000 a.C. Los mercaderes descubrieron que los gatos eran buenos compañeros de viaje porque diezmaban la población de ratas en los barcos. También eran valiosos porque se cotizaban a altos precios en regiones exóticas. Por supuesto que la cruza estaba restringida a los otros gatos importados del grupo, así que las características físicas y de carácter en un principio seleccionadas por los mercaderes se perpetuaron. Los gatos se dispersaron por todo el mundo a medida que los mercaderes navegaban por las rutas comerciales. Fueron llevados desde el norte de Africa a Europa y Asia, a China vía Babilonia e India, a Japón, y por último a América. Los gatos que sobrevivieron fueron los que se adaptaron a su nuevo entorno.
No hay diferencias físicas patentes entre los gatos salvajes y los domésticos, pero estos últimos han desarrollado un tracto intestinal más largo para adaptarse a una dieta más variada. Los gatos domésticos pueden acostumbrarse a sabores poco comunes si se les alienta. El comportamiento dependiente se perpetúa a través de las cruzas, y dentro de un tiempo la habilidad del gato para cazar se verá disminuida y desarrollará una exagerada dependencia de los humanos.















