
Hablar de este ya clásico café es, en gran medida, hablar de la historia de Valparaíso, pues en sus mesas han compartido las más importantes figuras de la ciudad e incluso del país, por lo que sus paredes exudan tradición.
Ubicado en uno de los antiguos centros neurálgicos de Valparaíso, la plaza Aníbal Pinto, donde se encontraba el barrio financiero, el Riquet ha permanecido prácticamente incólume en el mismo lugar desde su creación, el 19 de agosto de 1931, cuando la familia Splatz, inmigrantes alemanes como muchas otros que llegaban al puerto, decidió instalarse con un café.
Hoy la plaza Aníbal Pinto, donde el Riquet es prácticamente una institución, constituye un eje para actividades culturales, muchas de las cuales fomenta el mismo café, considerando que forma parte del patrimonio de la ciudad. Esto porque ya van cuatro generaciones de porteños que se han deleitado con sus cafés y exquisita pastelería austriaca y alemana, y considerando que el edificio donde se encuentra data de 1860.
En los antiguos años el café se fue haciendo un punto de encuentro para la creciente burguesía porteña, y luego para intelectuales de la talla de poetas como Pablo Neruda, Carlos León y porteños célebres como Ennio Moltedo y su amigo el dibujante Lukas, así como toda la clase dirigente del mundo portuario y financiero.
Hoy en día el glamour de la antigua alta burguesía ha dado paso a un poco más de sencillez, pero sin dejar de lado las elegantes y clásicas líneas del Riquet, pues sigue siendo frecuentado por políticos y empresarios, así como esa nueva clase más joven de porteños intelectuales y artistas de todo tipo.
UNA OFERTA VARIADA
De lleno en el área gastronómica, el café Riquet tiene de todo para ofrecer a sus clientes, pues mientras por las mañanas se puede disfrutar de un buen café y una torta, pastel o kuchen; a los almuerzos la comida chilena, clásica y tal como en casa es lo más solicitado, sin perjuicio de una variada carta de platos internacionales.
Asimismo, son típicas las escapadas luego del trabajo, a la hora del té, para luego de unas horas, si la conversación se prolonga como suele suceder en el Riquet, disfrutar de algo liviano como un buen sándwich y un jugo natural.
Ahora bien, si el tiempo lo permite, especialmente en verano, todo lo anterior se puede realizar al aire libre, sintiendo las pulsiones de Valparaíso y su gente, pues existen mesas habilitadas afuera en una terraza, las que contribuyen a formar el pequeño boulevard que en ese sector se ha creado. Y si se es algo más bohemio, por las noches se pueden disfrutar buenos tragos y copas del mejor vino, así como tablas de picaditos para amenizar la velada.
Pero el café Riquet es mucho más que un simple café, pues en la actualidad constituye una fusión de servicios gastronómicos y turísticos, pues contiene una tienda de recuerdos e información de Valparaíso.
Además, se ha transformado también en un motor cultural de la ciudad, pues en el lugar se realizan frecuentemente presentaciones de libros, música en vivo de calidad, como expertos violinistas o saxofonistas, así como exposiciones de arte, como pinturas, esculturas y grabados que se pueden apreciar con tan sólo ingresar al café, abriendo así un espacio para los artistas locales.
Y el Riquet también se ha ampliado físicamente, ya que abarca el edificio de tres pisos, donde en el primero funciona el café, mientras que los dos superiores funcionan como centros de extensión cultural. El segundo piso posee un gran valor arquitectónico y también artísticos, con frescos de Camilo Morin, el que se utiliza para eventos. Pos su parte, en el tercer piso funcionan un productora musical, un taller de diseño y grabado y cuatro talleres de pintura.
Ambos pisos superiores son totalmente abiertos al público en general, y los clientes no tienen más que solicitarlo para poder subir y conocer las obras que allí se realizan. Con todo, queda claro que el café Riquet es mucho más que un simple café. Tampoco es un lugar de moda, sino que se trata de un clásico que ha pasado a formar parte de Valparaíso.















