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Archivos de: Marzo 2007, 14

Welcome, mister Bush.

por tribilin2005 @ 2007-03-14 - 05:43:37 pm

El brutal contraste entre el repudio de la población y la cortesanía del gobierno con que se recibirá hoy en Mérida al presidente de Estados Unidos, George W. Bush, se explica por una razón simple: la dependencia asfixiante de México en la economía de su vecino del norte

De no registrarse un holgado superávit en la relación comercial con el país de las barras y las estrellas, el déficit global de la balanza de México alcanzaría niveles imposibles de financiarse.

El desequilibrio a nuestro favor es de 81 mil 640 millones de dólares, en tanto el flujo de divisas por concepto de venta de petróleo alcanza 34 mil 744 millones; por remesas 25 mil, y por inversión extranjera directa 16 mil 994.

Ahora que el segundo renglón sería inexistente de no abrirse, a querer o no, la posibilidad de ubicar un empleo allende el Bravo ante la raquítica o nula oferta en el país.

Y el tercero, naturalmente, llegaría a la mitad sin el concurso de las apuestas de la nación de las barras y las estrellas... por más que el grueso de éstas apunta a la compra de empresas existentes, no a la creación de nuevas.

Digamos que a contrapelo de la prudencia México juega el 90% de sus cartas a la suerte de Estados Unidos, con la novedad de que China nos está ´comiendo el mandado´ en exportaciones; la inversión externa no crea empleos; las exportaciones de hidrocarburos no plantean valor agregado, y las remesas se podrían estrellar ante el muro fronterizo.

De hecho, al margen de los ladrillos que dividen las fronteras, el Congreso de Estados Unidos analiza la posibilidad de otra barrera: el cobro de un gravamen en los envíos de dólares al exterior.

El golpe se plantea justo cuando el envío de remesas alcanza niveles inéditos. Si en el 2005, de acuerdo con un estudio realizado por el Fondo Multilateral de Inversiones (Fomin) del Banco Interamericano de Desarrollo, México recibió un flujo de 18 mil 279 millones de dólares, el año pasado superó los 25 mil millones.

De hecho, según el organismo, nuestro país es líder mundial en la materia.

El inédito se explica por dos causas: la creciente catarata provocada por el abandono del campo y el que la incontenible miseria en el país obliga a enviar cada vez más recursos.

Si en el 2003 se enviaban siete paquetes de remesas al año, hoy son 10.

De acuerdo con una encuesta realizada por el Fomin, 73% de los mexicanos que trabajan en Estados Unidos envían más dinero y con más frecuencia, con la novedad de que sus familias utilizan los recursos en gastos de primera necesidad, por más que cuando el flujo es constante ahorran una parte para montar un negocio familiar.

Y aunque la mayor parte del éxodo lo explica la falta de oportunidades en el país, un porcentaje menor habla de mejorar la economía, en un horizonte en que en México se ganaba un promedio de 150 dólares al mes, y en Estados Unidos de 900.

De acuerdo con el ejercicio realizado entre agosto y septiembre de 2006 entre dos mil 915 receptores de remesas, una de cada tres familias está por abajo de la línea de pobreza.

Incapaz, pues, de ser profeta en su tierra, México está cada día más ligado a lo que la buena voluntad de Estados Unidos nos ofrezca.

De ahí las tanquetas, el desarme de la policía local, el ejército de agentes cubiertos o encubiertos, las incursiones ilegales de policías, el alarde de fuerza con que llega al país el jefe del imperio.

Dicen que Porfirio Díaz lanzó una vez la frase que se quedó como estigma: "Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos".

Welcome mister Bush

Análisis realizado por: Alberto Barranco


 
 

LOS DIFERENTES ASPECTOS DE LA DOMINACION MUNDIAL

por tribilin2005 @ 2007-03-14 - 11:12:17 am

Sus reuniones se realizan en la más absoluta privacidad y nunca se conocen a ciencia cierta los temas que tratan. En el llamado Grupo de Bildelberg se concentra la flor y nata del poder económico, político y mediático mundial. Se reunen cada dos años en algún lugar del planeta, nunca más de 120 personas, aunque el pasado año 2006, según medios de prensa, tuvieron dos encuentros.

En otros artículos me he referido a la existencia de una elite de poder mundial, cuyo surgimiento está dado por el propio desarrollo del capitalismo en su fase imperial. Por el control que ejercieron primero sobre los consorcios, los trusts y los cartels nacionales y, ahora, sobre las llamadas empresas transnacionales, que ya no actúan en una sola rama de la economía, sino en varias al mismo tiempo, ya sea la producción de armamentos, petróleo, productos farmacéuticos, alimentos, medios de comunicación o en cualquier otra.

Regularmente, hablamos de esos grandes emporios que controlan gobiernos, deciden quién será el próximo presidente o el primer ministro de cualquier país desarrollado y de los no tanto. Pero nunca hablamos de los seres humanos, al igual que usted y que yo, que controlan el funcionamiento de las transnacionales, forman parte de sus juntas directivas – a veces de varias al mismo tiempo – , y tienen el poder de por lo menos influir sobre los destinos del mundo, aunque no siempre los acontecimientos sean exactamente los que ellos desean.

Regularmente también esas personas prefieren mantenerse en el anonimato, no quieren que se conozca el enorme poder que detentan y, cuando son objeto de publicidad, casi siempre se habla de la extraordinaria riqueza que poseen, de sus matrimonios e hijos, de sus fiestas, pero nunca de su verdadera razón de ser.

Se dice, eso no consta – pues sus reuniones se realizan en la más absoluta privacidad y nunca se conocen a ciencia cierta los temas que tratan – que en el llamado Grupo de Bildelberg se concentra la flor y nata del poder económico, político y mediático mundial. Se reunen cada dos años en algún lugar del planeta, nunca más de 120 personas, aunque el pasado año 2006, según medios de prensa, tuvieron dos encuentros.

Para algunos analistas, esas dos reuniones tuvieron como objetivo trazar las políticas pertinentes para sacar al modelo neoliberal de la crisis y, por extensión, al sistema capitalista del caos en que se encuentra. Esa crisis se ha visto agravada por los fenómenos negativos que ocrurren en la economía mundial, como la situación del dólar, la inestabilidad de las bolsas de valores a nivel mundial y, también, por el fracaso norteamericano en Irak y Afganistán, así como por los enormes déficit presupuestario y comercial en que ha incurrido la actual Administración de Estados Unidos, que ha multiplicado la deuda externa, interna y privada de ese país en apenas 6 años.

Las medidas que acordaron, desde luego, no se conocen, pero es muy posible que las vayamos conociendo con el transcurrir del tiempo, en especial por los pasos que vayan dando los centros de poder económico mundial, encabezados por Estados Unidos.

Pero, mientras todo eso ocurre más o menos ante nuestros ojos – y aquí viene la paranoia o la realidad –, de forma más sutil, sin que casi nos demos cuenta, sin que los principales medios de difusión mundial se hagan eco de ello, tienen lugar otros fenómenos que permiten pensar en un esquema de dominación mundial, mucho más completo del que existe hasta nuestros días: el control de la satisfacción de las necesidades básicas del ser humano.

Del intento de las grandes potencias de dominar las fuentes de energía, es decir, el petróleo, el gas y el uranio, además de otras materias primas fundamentales, tenemos muchas pruebas. Las grandes transnacionales petroleras están en casi todos los lugares donde existe el hidrocarburo, menos en aquellas naciones en las que es propiedad del estado. Así y todo, casi siempre hay un vínculo con una o varias de ellas.

Fueron el petróleo y el gas una de las causas – no la única – de la invasión de Estados Unidos a Afganistán e Irak, de la entrada de fuerzas norteamericanas en varias naciones de Asia Central que poseen hidrocarburos, con el pretexto de la lucha contra el terrorismo. Son también una de las razones –tampoco la única – de los preparativos para una agresión contra Irán que, además, tiene yacimientos de uranio. Lo mismo podría decirse de la actividad subversiva del gobierno norteamericano contra Venezuela y su intento de que el petróleo mexicano sea privatizado mediante la entrega a empresas estadounidenses.

En casi todos los casos, salvo excepciones, la producción de uranio está en manos de los gobiernos de los países donde hay yacimientos de ese mineral. La propiedad del resto de los minerales estratégicos, como el oro, la plata, el níquel, el cobre, el hierro, el zinc, el tugsteno, el titanio, etc., varía, y son objeto de constante competencia.

Últimamente el coltan (colombio y tantalio), imprescindible para la producción de teléfonos celulares y otros equipos electrónicos avanzados, se ha convertido en objeto de una brutal competencia y, también, en causa de guerras intestinas en la República Democrática del Congo y Ruanda, los únicos países donde existe. En todos los casos, la tendencia en los últimos años ha sido a la privatización de todos esos minerales por parte de las transnacionales.

Los intentos por controlar el agua

O sea, que existe una política encaminada a controlar los recursos naturales de todo tipo, en especial los energéticos. El agua, un producto vital para la vida de todos los seres órganicos que pueblan el planeta, tampoco escapa a ese intento de acaparamiento por parte de las transnacionales.

Se dice que dentro de unos 20 años las guerras entre países serán por el control de ese líquido, cuya escasez se hará cada vez mayor en la medida en que el calentamiento global cambie el régimen de lluvias, se derritan los glaciares y los polos. También como consecuencia de la contaminación que las fábricas han provocado en muchos ríos. Según la ONU ya hay en el mundo alrededor de 1 100 millones de personas que carecen de agua potable y es evidente que esa situación tiende a agravarse.

Pues bien, ya hay países donde el agua o una parte importante de ese recurso está privatizada, y los consumidores tienen que pagar por ella no como si fuera un servicio imprescindible, sino como una mercancía. Los intentos de transnacionales como la Betchell se centran ahora en el control de los recursos hídricos del Tercer Mundo, como es el caso de Bolivia y Perú. También llama la atención que algunas transnacionales y multimillonarios estén comprando grandes extensiones de la Patagonia, donde existen importantes fuentes de agua.

De otra parte, es conocido el gran interés del gobierno de Estados Unidos por la Cuenca del Guaraní, donde se concentra, según los expertos, cerca del 40% del agua potable del planeta. No por gusto, ya tiene una base militar en Paraguay, hace incursiones en la región del Amazonas y mantiene una constante propaganda acerca de que en la región de la triple frontera (Argentina, Brasil y Paraguay) existen células terroristas. Un pretexto archiconocido para justificar sus agresiones e intervenciones.

En los mapas del mundo, editados en Estados Unidos, el área de Amazonia aparece con un color distinto al de Brasil. Eso no es obra de la casualidad. Las transnacionales norteamericanas aspiran a controlarla. Incluso, en algunos libros de texto de ese país se señala que la Amazonia debe ser controlada por algún organismo internacional, pues el gobierno brasileño es incapaz de cuidarla. En esa área del Brasil se concentra aproximadamente el 32% de la biodiversidad del planeta.

Cualquiera que haya estudiado el llamado Plan Colombia y el poco conocido Plan Puebla-Panamá (PPP), se da cuenta perfectamente de que el agua de esa cuenca como la de otras zonas sudamericanas sería enviada hacia Estados Unidos, al igual que el petróleo y el gas, por medio de lo acueductos, oeloductos y gasoductos que son parte fundamental del PPP.

Tal vez esa sea una de las razones por las cuales el ejército brasileño ha preparado planes para defender el territorio de ese país, en caso de que alguna potencia extranjera pretenda adueñarse de sus recursos naturales. Por el camino que vamos, esa medida militar, que para algunos puede parecer ahora absurda, puede llegar a ser necesaria.

Los alimentos

Pero el intento por controlarlo todo no termina en el agua. Los alimentos, al parecer, también constituyen un elemento importante de ese intento de dominación mundial. Desde hace años oímos hablar de las semillas transgénicas, es decir, geneticamente modificadas, que permiten una alta productividad, son inmunes a ciertas plagas, no a todas, pero sus granos no pueden ser utilizados para sembrar de nuevo. Son híbridos. Por tanto, quien siembre semillas transgénicas tiene que volver a comprarlas para reproducir su cosecha. Y por lo regular, las tierras donde se siembra ese tipo de simiente se vuelven estériles a otras variedades no transgénicas.

Es, sobra decirlo, un negocio redondo para los productores de esas semillas y establece una relación de absoluta dependencia del agricultor a la empresa transnacional, que no solo tiene que comprar las semillas, sino también los herbicidas y pesticidas para preservar la siembra. Su uso se convierte así en una especie de esclavitud para los campesinos y ya en varios países del llamado Tercer Mundo se está imponiendo su uso, ya sea por medio de la propaganda o de la fuerza, como en el caso de Irak.

Unas cuantas empresas transnacionales controlan la producción de esas semillas de maíz, arroz, soya, trigo, algodón, etc., en el mundo. Entre ellas cabe destacar a la Monsanto, Bayer, Dupont, BASF y BSF.

La Monsanto, una de las grandes productoras de pesticidas, herbicidas y otras sustancias químicas –entre ellas el glisosfato que se usa en Colombia, contra los sembrados de coca, con serias consecuencias para el resto de los productos agrícolas, los animales y los seres humanos – es la más agresiva de todas y la que más variedad de semillas transgénicas ha creado. Algunas de ellas han sido cuestionadas por contener sustancias cancerígenas, especialmente sus aceites.

Lo más peligroso, es que poco a poco, los transgénicos se han ido extendiendo por todo el mundo, especialmente el subdesarrollado, y hoy se utilizan en México, Perú, Argentina, Brasil, Nicaragua, varios países de Africa, la India, en los propios Estados Unidos y en Canadá. En este último país, la Monsanto ha sido demandada por daños y perjuicios por varias asociaciones de granjeros, debido a los escasos resultados que han obtenido y a que sus tierras han quedado inservibles para otros cultivos. De eso apenas se habla en la prensa internacional.

En la India, donde se ha extendido el uso de semillas transgénicas para la producción de algodón, se reporta el suicidio de más de 10 mil campesinos que se han arruinado al no poder pagar las semillas y los pesticidas. Pero, quizás, todo eso sea secundario si lo comparamos con otros fenómenos que se van concatenando como resultado del uso de las semillas transgénicas y la desaparición de otras simientes tradicionales.

Históricamente, los campesinos de todas las regiones del mundo, han ido seleccionando las semillas que usan en sus cultivos en función de su productividad y su resistencia a las plagas. Por ejemplo, se conocen cientos de variedades de arroz, de maíz, de trigo, de soya, que son empleadas de acuerdo al clima, el régimen de lluvia, las características del terreno, etc. En los últimos años ha habido denuncias de la desaparición de varios cientos de variedades, especialmente en aquellos países donde se ha extendido el uso de los transgénicos.

¿Qué sucedería si todas esas variedades desaparecen y solo quedan las semillas transgénicas en manos de varias transnacionales? Sucedería que esas transnacionales se convertirían en las dueñas de la alimentación mundial, los que les daría un enorme poder –se convertirían en dioses-- sobre la vida de todos los seres humanos. Serían ellas las que decidirían quienes comen y quienes no.

Puede parecer paranoia, pero, si pretenden controlar los recursos energéticos y el agua, lo único que les falta es la alimentación. Y dadas las características del capitalismo actual, de la elite de poder gobernante a escala mundial, de la deshumanización que en general prevalece en las relaciones entre los estados y gobiernos, y dado el dominio de las transnacionales sobre muchísimas ramas de la economía planetaria, no es ocioso pensar que existe realmente una conspiración para controlar la alimentación mundial.

Tal vez todo lo que les he descrito sea obra de la casualidad. Pero en política, la casualidad es algo bien inusual. Los transgénicos se van imponiendo en muchos países del mundo. Las variedades naturales van desapareciendo. ¿Es eso obra de la casualidad o de un plan preconcebido de dominación mundial? La peor de todas las formas: la del hambre. Los invito a que mediten.

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