
Sus reuniones se realizan en la más absoluta privacidad y nunca se conocen a ciencia cierta los temas que tratan. En el llamado Grupo de Bildelberg se concentra la flor y nata del poder económico, polÃtico y mediático mundial. Se reunen cada dos años en algún lugar del planeta, nunca más de 120 personas, aunque el pasado año 2006, según medios de prensa, tuvieron dos encuentros.
En otros artÃculos me he referido a la existencia de una elite de poder mundial, cuyo surgimiento está dado por el propio desarrollo del capitalismo en su fase imperial. Por el control que ejercieron primero sobre los consorcios, los trusts y los cartels nacionales y, ahora, sobre las llamadas empresas transnacionales, que ya no actúan en una sola rama de la economÃa, sino en varias al mismo tiempo, ya sea la producción de armamentos, petróleo, productos farmacéuticos, alimentos, medios de comunicación o en cualquier otra.
Regularmente, hablamos de esos grandes emporios que controlan gobiernos, deciden quién será el próximo presidente o el primer ministro de cualquier paÃs desarrollado y de los no tanto. Pero nunca hablamos de los seres humanos, al igual que usted y que yo, que controlan el funcionamiento de las transnacionales, forman parte de sus juntas directivas â a veces de varias al mismo tiempo â , y tienen el poder de por lo menos influir sobre los destinos del mundo, aunque no siempre los acontecimientos sean exactamente los que ellos desean.
Regularmente también esas personas prefieren mantenerse en el anonimato, no quieren que se conozca el enorme poder que detentan y, cuando son objeto de publicidad, casi siempre se habla de la extraordinaria riqueza que poseen, de sus matrimonios e hijos, de sus fiestas, pero nunca de su verdadera razón de ser.
Se dice, eso no consta â pues sus reuniones se realizan en la más absoluta privacidad y nunca se conocen a ciencia cierta los temas que tratan â que en el llamado Grupo de Bildelberg se concentra la flor y nata del poder económico, polÃtico y mediático mundial. Se reunen cada dos años en algún lugar del planeta, nunca más de 120 personas, aunque el pasado año 2006, según medios de prensa, tuvieron dos encuentros.
Para algunos analistas, esas dos reuniones tuvieron como objetivo trazar las polÃticas pertinentes para sacar al modelo neoliberal de la crisis y, por extensión, al sistema capitalista del caos en que se encuentra. Esa crisis se ha visto agravada por los fenómenos negativos que ocrurren en la economÃa mundial, como la situación del dólar, la inestabilidad de las bolsas de valores a nivel mundial y, también, por el fracaso norteamericano en Irak y Afganistán, asà como por los enormes déficit presupuestario y comercial en que ha incurrido la actual Administración de Estados Unidos, que ha multiplicado la deuda externa, interna y privada de ese paÃs en apenas 6 años.
Las medidas que acordaron, desde luego, no se conocen, pero es muy posible que las vayamos conociendo con el transcurrir del tiempo, en especial por los pasos que vayan dando los centros de poder económico mundial, encabezados por Estados Unidos.
Pero, mientras todo eso ocurre más o menos ante nuestros ojos â y aquà viene la paranoia o la realidad â, de forma más sutil, sin que casi nos demos cuenta, sin que los principales medios de difusión mundial se hagan eco de ello, tienen lugar otros fenómenos que permiten pensar en un esquema de dominación mundial, mucho más completo del que existe hasta nuestros dÃas: el control de la satisfacción de las necesidades básicas del ser humano.
Del intento de las grandes potencias de dominar las fuentes de energÃa, es decir, el petróleo, el gas y el uranio, además de otras materias primas fundamentales, tenemos muchas pruebas. Las grandes transnacionales petroleras están en casi todos los lugares donde existe el hidrocarburo, menos en aquellas naciones en las que es propiedad del estado. Asà y todo, casi siempre hay un vÃnculo con una o varias de ellas.
Fueron el petróleo y el gas una de las causas â no la única â de la invasión de Estados Unidos a Afganistán e Irak, de la entrada de fuerzas norteamericanas en varias naciones de Asia Central que poseen hidrocarburos, con el pretexto de la lucha contra el terrorismo. Son también una de las razones âtampoco la única â de los preparativos para una agresión contra Irán que, además, tiene yacimientos de uranio. Lo mismo podrÃa decirse de la actividad subversiva del gobierno norteamericano contra Venezuela y su intento de que el petróleo mexicano sea privatizado mediante la entrega a empresas estadounidenses.
En casi todos los casos, salvo excepciones, la producción de uranio está en manos de los gobiernos de los paÃses donde hay yacimientos de ese mineral. La propiedad del resto de los minerales estratégicos, como el oro, la plata, el nÃquel, el cobre, el hierro, el zinc, el tugsteno, el titanio, etc., varÃa, y son objeto de constante competencia.
Ãltimamente el coltan (colombio y tantalio), imprescindible para la producción de teléfonos celulares y otros equipos electrónicos avanzados, se ha convertido en objeto de una brutal competencia y, también, en causa de guerras intestinas en la República Democrática del Congo y Ruanda, los únicos paÃses donde existe. En todos los casos, la tendencia en los últimos años ha sido a la privatización de todos esos minerales por parte de las transnacionales.
Los intentos por controlar el agua
O sea, que existe una polÃtica encaminada a controlar los recursos naturales de todo tipo, en especial los energéticos. El agua, un producto vital para la vida de todos los seres órganicos que pueblan el planeta, tampoco escapa a ese intento de acaparamiento por parte de las transnacionales.
Se dice que dentro de unos 20 años las guerras entre paÃses serán por el control de ese lÃquido, cuya escasez se hará cada vez mayor en la medida en que el calentamiento global cambie el régimen de lluvias, se derritan los glaciares y los polos. También como consecuencia de la contaminación que las fábricas han provocado en muchos rÃos. Según la ONU ya hay en el mundo alrededor de 1 100 millones de personas que carecen de agua potable y es evidente que esa situación tiende a agravarse.
Pues bien, ya hay paÃses donde el agua o una parte importante de ese recurso está privatizada, y los consumidores tienen que pagar por ella no como si fuera un servicio imprescindible, sino como una mercancÃa. Los intentos de transnacionales como la Betchell se centran ahora en el control de los recursos hÃdricos del Tercer Mundo, como es el caso de Bolivia y Perú. También llama la atención que algunas transnacionales y multimillonarios estén comprando grandes extensiones de la Patagonia, donde existen importantes fuentes de agua.
De otra parte, es conocido el gran interés del gobierno de Estados Unidos por la Cuenca del GuaranÃ, donde se concentra, según los expertos, cerca del 40% del agua potable del planeta. No por gusto, ya tiene una base militar en Paraguay, hace incursiones en la región del Amazonas y mantiene una constante propaganda acerca de que en la región de la triple frontera (Argentina, Brasil y Paraguay) existen células terroristas. Un pretexto archiconocido para justificar sus agresiones e intervenciones.
En los mapas del mundo, editados en Estados Unidos, el área de Amazonia aparece con un color distinto al de Brasil. Eso no es obra de la casualidad. Las transnacionales norteamericanas aspiran a controlarla. Incluso, en algunos libros de texto de ese paÃs se señala que la Amazonia debe ser controlada por algún organismo internacional, pues el gobierno brasileño es incapaz de cuidarla. En esa área del Brasil se concentra aproximadamente el 32% de la biodiversidad del planeta.
Cualquiera que haya estudiado el llamado Plan Colombia y el poco conocido Plan Puebla-Panamá (PPP), se da cuenta perfectamente de que el agua de esa cuenca como la de otras zonas sudamericanas serÃa enviada hacia Estados Unidos, al igual que el petróleo y el gas, por medio de lo acueductos, oeloductos y gasoductos que son parte fundamental del PPP.
Tal vez esa sea una de las razones por las cuales el ejército brasileño ha preparado planes para defender el territorio de ese paÃs, en caso de que alguna potencia extranjera pretenda adueñarse de sus recursos naturales. Por el camino que vamos, esa medida militar, que para algunos puede parecer ahora absurda, puede llegar a ser necesaria.
Los alimentos
Pero el intento por controlarlo todo no termina en el agua. Los alimentos, al parecer, también constituyen un elemento importante de ese intento de dominación mundial. Desde hace años oÃmos hablar de las semillas transgénicas, es decir, geneticamente modificadas, que permiten una alta productividad, son inmunes a ciertas plagas, no a todas, pero sus granos no pueden ser utilizados para sembrar de nuevo. Son hÃbridos. Por tanto, quien siembre semillas transgénicas tiene que volver a comprarlas para reproducir su cosecha. Y por lo regular, las tierras donde se siembra ese tipo de simiente se vuelven estériles a otras variedades no transgénicas.
Es, sobra decirlo, un negocio redondo para los productores de esas semillas y establece una relación de absoluta dependencia del agricultor a la empresa transnacional, que no solo tiene que comprar las semillas, sino también los herbicidas y pesticidas para preservar la siembra. Su uso se convierte asà en una especie de esclavitud para los campesinos y ya en varios paÃses del llamado Tercer Mundo se está imponiendo su uso, ya sea por medio de la propaganda o de la fuerza, como en el caso de Irak.
Unas cuantas empresas transnacionales controlan la producción de esas semillas de maÃz, arroz, soya, trigo, algodón, etc., en el mundo. Entre ellas cabe destacar a la Monsanto, Bayer, Dupont, BASF y BSF.
La Monsanto, una de las grandes productoras de pesticidas, herbicidas y otras sustancias quÃmicas âentre ellas el glisosfato que se usa en Colombia, contra los sembrados de coca, con serias consecuencias para el resto de los productos agrÃcolas, los animales y los seres humanos â es la más agresiva de todas y la que más variedad de semillas transgénicas ha creado. Algunas de ellas han sido cuestionadas por contener sustancias cancerÃgenas, especialmente sus aceites.
Lo más peligroso, es que poco a poco, los transgénicos se han ido extendiendo por todo el mundo, especialmente el subdesarrollado, y hoy se utilizan en México, Perú, Argentina, Brasil, Nicaragua, varios paÃses de Africa, la India, en los propios Estados Unidos y en Canadá. En este último paÃs, la Monsanto ha sido demandada por daños y perjuicios por varias asociaciones de granjeros, debido a los escasos resultados que han obtenido y a que sus tierras han quedado inservibles para otros cultivos. De eso apenas se habla en la prensa internacional.
En la India, donde se ha extendido el uso de semillas transgénicas para la producción de algodón, se reporta el suicidio de más de 10 mil campesinos que se han arruinado al no poder pagar las semillas y los pesticidas. Pero, quizás, todo eso sea secundario si lo comparamos con otros fenómenos que se van concatenando como resultado del uso de las semillas transgénicas y la desaparición de otras simientes tradicionales.
Históricamente, los campesinos de todas las regiones del mundo, han ido seleccionando las semillas que usan en sus cultivos en función de su productividad y su resistencia a las plagas. Por ejemplo, se conocen cientos de variedades de arroz, de maÃz, de trigo, de soya, que son empleadas de acuerdo al clima, el régimen de lluvia, las caracterÃsticas del terreno, etc. En los últimos años ha habido denuncias de la desaparición de varios cientos de variedades, especialmente en aquellos paÃses donde se ha extendido el uso de los transgénicos.
¿Qué sucederÃa si todas esas variedades desaparecen y solo quedan las semillas transgénicas en manos de varias transnacionales? SucederÃa que esas transnacionales se convertirÃan en las dueñas de la alimentación mundial, los que les darÃa un enorme poder âse convertirÃan en dioses-- sobre la vida de todos los seres humanos. SerÃan ellas las que decidirÃan quienes comen y quienes no.
Puede parecer paranoia, pero, si pretenden controlar los recursos energéticos y el agua, lo único que les falta es la alimentación. Y dadas las caracterÃsticas del capitalismo actual, de la elite de poder gobernante a escala mundial, de la deshumanización que en general prevalece en las relaciones entre los estados y gobiernos, y dado el dominio de las transnacionales sobre muchÃsimas ramas de la economÃa planetaria, no es ocioso pensar que existe realmente una conspiración para controlar la alimentación mundial.
Tal vez todo lo que les he descrito sea obra de la casualidad. Pero en polÃtica, la casualidad es algo bien inusual. Los transgénicos se van imponiendo en muchos paÃses del mundo. Las variedades naturales van desapareciendo. ¿Es eso obra de la casualidad o de un plan preconcebido de dominación mundial? La peor de todas las formas: la del hambre. Los invito a que mediten.

Gerardo_31

Excelente articulo tribi, ¿recuerdas aquellos fragmentos de un cuento llamado "El cometa luz en las tinieblas" que aparecieron en mi blog?, ese cuento surgio a razón de un trabajo para una materia de la fac. cuando estaba en los últimos semestres, cuya lÃnea de investigación era Globalización y ... (no recuerdo que que más decia el titulo).
La historia surgió de la impresión que me generó el análisis de textos prospectivos de escenarios mundiales, tu escrito me lo recordó mucho, asà que postearé el incio de esa historia, haciendo alusión a este (insisto) excelente post que has escrito.
Me gustarÃa mucho que lo leyeras alla en la estancia...
Un abrazo