por
tribilin2005
@ 2007-07-28 - 11:14:20 pm
Era el 29 de julio de 1967 y Caracas estaba celebrando durante esa semana el cuatricentenario de su fundación, mientras, el reloj de La Catedral marcaba las 8:02 de la noche cuando un terremoto de 6,5 grados en la escala de Richter estremeció a toda la capital de Venezuela.

Uno de los edificios afectados en la zona de Los Palos Grandes a consecuencia del terremoto que sacudió a Caracas en Julio de 1967. Foto: Edmundo Pérez. 31-07-67.
Unos 32 segundos fueron suficientes para dejar un balance de 300 víctimas fatales, más de 3 mil heridos y pérdidas materiales calculadas en 100 millones de dólares. El movimiento telúrico fue registrado por el Observatorio Cagigal, que señaló como su epicentro el Litoral Central, a 20 kilómetros de Caracas, específicamente entre Arrecifes y Naiguatá.

Pese a las pérdidas humanas y materiales generadas a partir de este terremoto, hubo algo positivo: este hecho marcó el inicio de las investigaciones sismológicas en Venezuela.

A partir de ese momento, de acuerdo con un documento de la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (Funvisis), se crearon dos comisiones presidenciales para evaluar el impacto del sismo, además de plantearse la necesidad de contar con una red nacional de sismología y de una institución especializada en estudiar estos fenómenos geológicos.
Refiere una reseña histórica alojada en la página web de Funvisis que una de estas comisiones presidenciales se dedicó a la investigación de las causas que provocaron las fallas en varios edificios del Área Metropolitana de Caracas y del Litoral Central, mientras que la otra, a cargo del entonces Ministerio de Minas e Hidrocarburos, se encargó de determinar las causas, características y consecuencias del fenómeno.
Es así como el 27 de julio de 1972 surge Funvisis, mediante el Decreto Presidencial Nº 1.053, publicado en la Gaceta Oficial Nº 29.864, con el propósito de crear un servicio sismológico nacional con personal capacitado para investigar y responder de forma eficaz ante estas eventualidades.
«La creación de Funvisis significaba dotar a Venezuela de una red sismológica nacional que pudiese, con la formación de los profesionales adecuados, dar respuesta ante la presencia de una situación similar», manifestó el presidente de la institución, Gustavo Malavé.
A juicio de Malavé, el terremoto de Caracas tuvo mucho que enseñarles, ya que anteriormente se tenía la idea de que cuando ocurría un sismo en la ciudad el suelo y todas sus capas debían comportarse de la misma manera.
En el caso de Caracas, fue notable la destrucción total de cuatro edificios en la zona este de la capital: el Mijagual y el San José, en Los Palos Grandes; y el Neverí y el Palace Corvin, en Altamira, municipio Chacao.
«Durante el sismo de 1967 esto llamó mucho la atención y, a partir de ahí, se comenzó a estudiar el porqué de este fenómeno y se iniciaron las investigaciones para determinar las condiciones locales de cada sector que hacían que se amplificaran las ondas sísmicas», relató.
Esta manifestación, explica Malavé, se llama efecto de sitio: de las condiciones del suelo depende la intensidad con que sea percibido un movimiento telúrico.
Cuando ocurre un sismo éste es sentido en unos sitios más que en otros en función de la cantidad de sedimentos acumulados: a mayor cantidad de sedimentos (suelos más blandos) y mayor altura de las estructuras el temblor será percibido con mayor intensidad.
«Las condiciones locales de un sitio pueden hacer que se amplifique la señal sísmica y producir mayores efectos que en otros lugares. Este fenómeno comenzó a conocerse mundialmente y fue confirmado cuando se produjo en 1985 el terremoto de México, que también experimentó la misma situación, ya que la ciudad está cimentada sobre antiguos lagos que se secaron, con una gran acumulación de sedimentos», indicó.
¿Qué nos hace vulnerables?
Venezuela está compuesta por una cadena de fallas que recorren mil 200 kilómetros de longitud y atraviesan los Andes venezolanos con la Falla de Boconó; la región central, donde se ubica la Falla de San Sebastián; y la Falla de El Pilar, que surca la región oriental de país hasta llegar a Trinidad y Tobago.
A esto se suma la falla Tacagua-El Ávila, de una extensión de 100 kilómetros, que entra por la Cota Mil, sigue a la altura del primer túnel Boquerón (autopista Caracas-La Guaira), atraviesa la quebrada de Tacagua (carretera vieja) y se une en Tacoa con la falla de San Sebastián.
Todas estas condiciones hacen de Venezuela una zona de riesgo. Es por ello que Caracas, además de ser una zona con tendencia a sufrir temblores de importancia, también es una región donde ocurren con frecuencia colapsos de taludes y arrastres torrenciales generados por las lluvias.
«Caracas se caracteriza como una zona de gran riesgo sísmico, con una alta densidad de población y, además, es el centro administrativo del país. La ciudad tiene problemas particulares referidos a infraestructura porque, aparte de la construcción formal, hay una gran cantidad de construcciones informales que carecen de normas de controles», afirmó la coordinadora de la Comisión de Mitigación de Riesgos de la Universidad Central de Venezuela (Comir-UCV), Mercedes Marrero.
Al hablar de riesgo y vulnerabilidad, Marrero hace una diferenciación entre ambos términos. «Cuando nos referimos a riesgo estamos hablando de que existe la probabilidad de que nos ocurra algo que nos hace daño y tiene dos elementos. Uno, la amenaza definida como los factores externos que escapan de nuestras manos y que no podemos controlar y, el otro, es la vulnerabilidad, que es nuestra capacidad para resistir los efectos de esa amenaza».
Es decir, la capital tiene una serie de condiciones geológicas y climáticas con las cuales debe convivir y sus habitantes deben estar preparados para enfrentar adecuadamente tales amenazas.
«Lo que nos queda es trabajar sobre la vulnerabilidad y sobre cómo nosotros respondemos ante esas amenazas y que son elementos externos. Por una parte, se debe trabajar para que la gente maneje los conocimientos necesarios que le permitan salvar su vida una vez que ocurre un evento de este tipo», expresó.
De igual manera, Marrero agregó que deben construirse estructuras o edificios estables o sismorresistentes, pero además se debe evitar que se construyan viviendas en zonas de alto riesgo como márgenes de ríos y quebradas, o en terrenos inestables que sucumben fácilmente a la acción de las lluvias.
«En la medida en que nuestras ciudades estén más fuertes frente a esas amenazas, nosotros disminuimos los riesgos, y en la medida en que se sigan construyendo sin hacer caso a todas esas consideraciones, somos más vulnerables y el riesgo aumenta», enfatizó.
«En definitiva, los eventos no son desastres. El hecho de que exista un sismo o un deslave no constituye un desastre, el desastre ocurre cuando se construye mal y estamos ubicados o donde no debemos. Entonces, los desastres los producimos nosotros, porque el ser humano actúa inadecuadamente frente a eventos de la naturaleza que son normales», añadió.
Avances tecnológicos para la detección de sismos
En la actualidad, Venezuela tiene una red sismológica nacional conformada por 35 estaciones con equipos de alta tecnología y de transmisión satelital.
«Eso nos permite tener información de que si ocurre un evento sísmico en el territorio nacional nosotros podemos notificar, a unos 10 ó 15 minutos después de ocurrido el evento, dónde ocurrió ese sismo y los parámetros, su profundidad, su localización y su magnitud, lo cual denota que hemos evolucionado en el monitoreo de la información sísmica», sostuvo Malavé.
Informó que para el próximo mes de agosto la red sismológica se ampliará hacia el Caribe, específicamente en las islas Aruba, Bonaire y Curazao, como parte de un convenio con los gobiernos locales, a fin de brindarles información de los sismos que puedan surgir en sus alrededores.
«Ya estamos instalando las estaciones y muy pronto estaremos instalando en algunas otras islas de países como Cuba y Haití para tener un mayor control sobre la sismicidad en el Caribe, como parte de la instalación de un sistema de alerta de tsunami (Observatorio Tsunami) en la región», agregó.
«Esto nos permitirá conocer cuándo y dónde se genera un tsunami en el Caribe y con estas estaciones responderemos rápidamente, además de activar nuestro sistema de alerta a nivel nacional y dar las indicaciones adecuadas al respecto», refirió.
Asimismo, informó que ya tienen la orden de compra de cuatro estaciones sismográficas que operarán en la región. «Pero lo más importante es que tenemos un proyecto conjunto con la Fundación Instituto de Ingeniería, adscrito al Ministerio del Poder Popular para la Ciencia y Tecnología, para el diseño de censores oceanográficos y, a corto plazo, adquirir la tecnología para construir tales equipos».
Adelantó que para mediados del próximo año será posible contar con el sistema completamente instalado.