por
tribilin2005
@ 2007-07-04 - 10:26:09 pm
Uno de cada diez españoles con más de 55 años padece enfermedad arterial periférica, conocida popularmente como la enfermedad de los escaparates, que se caracteriza porque produce un dolor cada vez más intenso en las piernas que obliga al paciente a detenerse cada cierto tiempo.

Uno de cada diez españoles con más de 55 años padece enfermedad arterial periférica (EAP), 900.000 en total. Sin embargo, la afección es poco conocida y su tratamiento aquí es más conservador que en países como Alemania o Estados Unidos, según se ha puesto de manifiesto en el 53 Congreso Nacional de la Sociedad Española de Angiología y Cirugía Vascular, celebrado recientemente en Palma de Mallorca.
Esta patología es denominada popularmente como la enfermedad de los escaparates, ya que debido a ella el paciente sufre un dolor en las piernas que le obliga a detenerse cada cierto tiempo a descansar.
Dada la disparidad que existe en los métodos para curar la afección, un grupo de trabajo con representantes de 16 sociedades científicas ha elaborado las guías TASC II, publicadas por la revista European Journal of Vascular and Endovascular Surgery, que incluyen recomendaciones para mejorar la detección y el tratamiento de la enfermedad que, según los especialistas, en España está "infradiagnosticada a pesar del riesgo que eso conlleva para los afectados".
Un dolor cada vez más frecuente
En concreto, la EAP consiste en un aumento progresivo de obstrucción en las arterias que dificulta el andar de los afectados. Al principio, la necesidad de estos pacientes de pararse se produce tras andar grandes distancias; con el tiempo, aumentan las arterias obstruidas y progresivamente esas distancias van acortándose.
Después, llega un momento en el que el paciente siente un dolor fuerte que lo obliga a detenerse a descansar las piernas, hasta que lo padece incluso en reposo. A partir de ahí, puede llegar a desarrollar lesiones isquémicas en forma de gangrena que pueden precisar la amputación de la extremidad.
El nombre con que se conoce usualmente a la enfermedad, 'de los escaparates', se refiere al segundo grado del proceso. Según explica el jefe del Servicio de Angiología y Cirugía Vascular del Hospital de Bellvitge de Barcelona, doctor Marc Cairols, en el primero el problema "aún no provoca síntomas", y el tercer grado "supone la irrupción del dolor sin necesidad de andar", mientras que la fase final "conlleva la aparición de la lesión".
Asimismo, según destacó este especialista, el infradiagnóstico es muy común en la primera fase, pero también es habitual incluso entre los pacientes con síntomas que "atribuyen erróneamente el dolor a un achaque propio del envejecimiento".
¿Cómo se diagnostica?
Los únicos datos de prevalencia sobre esta enfermedad disponibles en España proceden del estudio ESTIME, el primero de carácter epidemiológico poblacional realizado en España, que contó con el aval de la Sociedad Española de Angiología y Cirugía Vascular (SEACV), y fue realizado por 14 Servicios de Angiología y Cirugía Vascular de toda España.
Para diagnosticar la enfermedad se utilizó la prueba índice tobillo/brazo (IT
, que procede de dividir la presión arterial medida en la pierna y en el brazo. Si el dato es inferior a 0,9, el paciente padece enfermedad arterial periférica.
Según han destacado los expertos, el verdadero potencial diagnóstico de la prueba tobillo/brazo reside en su empleo por parte de los médicos de familia, ya que estos profesionales están en mejores condiciones de detectar esta enfermedad en su fase temprana.
“Aunque es una determinación sencilla, requiere un tiempo y es probable que muchos de estos facultativos no dispongan de los minutos necesarios. Esta labor de screening debe ser tarea del médico de primaria y sólo en caso de que haya síntomas debe ser remitido al hospital, a un servicio de cirugía vascular para su control. Por eso es tan importante que ambos niveles asistenciales estén coordinados”, señaló Cairols.
Sin embargo, un estudio reciente señala que el pronóstico y el procedimiento que se aplica en cada centro sanitario están estrechamente ligados a la disponibilidad de recursos con los que cuente. Así, en los hospitales y en las unidades menos dotadas, existe un mayor índice de amputación, señala el doctor Cariols que, además, asegura que "la disparidad es clara", y que en España se actúa "de forma más conservadora".
Riesgo de infarto o ictus
Se estima que mientras que una persona sana, transcurridos 12 años, tiene un 85 por ciento de posibilidades de continuar vivo, un afectado asintomático por esta enfermedad tiene un 60 por ciento de probabilidades de permanecer vivo y si es sintomático las posibilidades se reducen al 50 por ciento.
Y es que, la enfermedad arterial periférica es un marcador que muestra la existencia de enfermedad aterotrombótica en el resto del cuerpo. Así, enfermedad está asociada a otros problemas como el infarto de miocardio o el ictus, algo que los expertos consideran que es fundamental conocer.
Por eso, como indica el doctor Cairols, “es preciso que un paciente con una enfermedad aterotrombótica en una zona concreta sea examinado en las otras zonas. Como es complicado que sea visto por todos los especialistas, quizá la mejor opción sería crear una figura que tuviera capacidad de hacer un seguimiento al enfermo en su globalidad”.
“Esta dificultad para reconocer la enfermedad en sus fases iniciales es la que pone de manifiesto la importancia de promover campañas de divulgación dirigidas a la población. Un mejor conocimiento evitaría muchas muertes y problemas de invalidez”, asegura este experto.
Mejoras en el tratamiento
Otro aspecto destacable de las guías TASC II hace referencia al tratamiento, que amplía el abanico de pacientes que pueden beneficiarse de un procedimiento endovascular (intervención a través de catéteres). “Para esos mismos pacientes antes se recomendaba la cirugía arterial directa o convencional”, comenta el doctor Cairols.
En cambio, si al afectado se le ha diagnosticado la enfermedad pero sin sintomatología, las guías destacan los beneficios de dos familias de fármacos, los antiagregantes plaquetarios (clopidogrel o ácido acetilsalicílico) y las estatinas. Los primeros actúan sobre la causa subyacente, es decir, sobre la enfermedad aterosclerótica. Los segundos intervienen sobre un importante factor de riesgo, el colesterol alto. Ambos medicamentos contribuyen a que la enfermedad no progrese.
Pero los expertos también advierten que, además de estas medidas, hay que adoptar unos hábitos de vida saludables que impliquen la erradicación del consumo de alcohol, la mala alimentación o el sedentarismo. El tabaco es, junto con la diabetes, el factor de riesgo de mayor peso, por delante de los niveles elevados de colesterol y la hipertensión.
“Los pacientes saben que se juegan mucho y cumplen bien el tratamiento, pero en cambio les cuesta bastante abandonar el cigarro y realizar ejercicio físico, es decir, caminar todos los días a una velocidad determinada”, destaca el jefe de Servicio de Angiología y Cirugía Vascular del Hospital de Bellvitge.