Un barco de guerra ruso marcha hacia el océano Ártico, en una maniobra que podría reportarle a Rusia grandes beneficios en el futuro.


El crucero Mariscal Ustinov se unirá a una embarcación mayor que ya está en la zona.

El crucero Mariscal Ustinov se unirá a una nave de mayores dimensiones, que llegó al área esta semana.

Es la primera vez que la marina rusa hace sentir su presencia en el Ártico desde la desintegración de la Unión Soviética.

Las dos embarcaciones barcos llevarán a cabo patrullajes que, según la marina, serán maniobras regulares en el futuro.

Un vocero de la marina desmintió que se tratara de una medida agresiva.

El funcionario aseguró que el objetivo es proteger a los pescadores rusos que intentan trabajar en aguas en disputa en torno al territorio noruego de Spitsbergen o Svalbard.

Asentamiento

Bajo el tratado de Svalbard, de 1920, Noruega tiene soberanía sobre el archipiélago del mismo nombre.


La región se ha convertido en objeto de disputas por el control de sus recursos naturales.

Rusia, que tiene un asentamiento permanente allí, disfruta de concesiones de minería y de pesca.

Lo que Moscú disputa, en estos momentos, es una zona de exclusión para la pesca, de 320 kilómetros, que Noruega declaró alrededor de Svalbard en 1977.

Sin embargo, diversos observadores afirman que la presencia de Rusia en el Ártico, luego de reanudar los vuelos de largo alcance de sus bombarderos por el Mediterráneo el año pasado, obedece al objetivo de restablecer su presencia militar en todo el globo.

Los analistas en Moscú dicen que hay mucho más que eso: según ellos, Rusia quiere imponer su presencia en el Ártico para darle un impulso a su reclamo sobre toda la región.

El Ártico también significa prestigio para Rusia, en la medida en que el país necesita reconquistar el peso específico que tenía, hasta 1991, en el escenario internacional.